20080522

VENDO MI PARCELA DE CIELO

Razón aquí:

20080429

DIÓGENES DIGITALES

Charlaba ayer con Tones, contándonos nuestras respectivas novedades, personales y profesionales, cuando, en un momento de la conversación, ambos contraponíamos la atención y dedicación que le dedicábamos a nuestros hobbies cuando éramos adolescentes y el poco tiempo que teníamos hoy para esos mismos hobbies. Acabamos con un lacónico "antes teníamos tiempo y no dinero, ahora tenemos dinero y no tenemos tiempo". Y es verdad. Pero pensando en ello, creo que es una verdad a medias.
Nuestra generación -yo peino ya casi treinta y nueve primaveras- fue una generación extraña. Sólo tenímos acceso a lo almacenado en bibliotecas públicas, lo cual ya descartaba los tebeos, nuestra primigenia puerta a la cultura popular, la antesala de nuestro pajerismo ilustrado. Ese hecho ya delimitaba muy mucho nuestra participación activa en el desarrollo de nuestros gustos, pues el tebeo no era cultura, y eso se notaba. Era un añadido exótico. En mi casa podía pedir un duro para cambiar novelas de Bruguera sin ningún problema, pero no podía pedir para comprar los ejemplares de Spiderman, o de Los Vengadores, o de Conan, o de Drácula, o de...
Con la música pasaba lo mismo, pero en menor medida. Si me hubiese gustado el flamenco, no sé si me hubiesen sufragado los discos de Paco Toronjo, por poner un caso. Pero pobre de tí si te gustaban, como en literatura, música que se salía del mainstream televisivo o radiofónico.
Total, que el pobre chaval que éramos dedicaba una atención rayana en lo enfermizo a las migajas de cultura que podíamos conseguir, bien a base de cambiar tebeos con otros locos bajitos, o de grabar música en cassettes, mientras suspirábamos por tener una futura solvencia económica que nos hiciese olvidar lo paupérrimo de nuestros principios.
Pero, paradojas de la vida, la solvencia no llegó de lo económico, sino de lo teconológico. Sí, lo que están ustedes pensando: Internet.
Gracias a la red no necesitamos dinero. No en un sentido estricto. Yo siempre lo equiparo a la sensación de impotencia que tuve cuando visité por primera vez Forbidden Planet: estanterías y estanterías llenas de libros, cómics, películas y adminículos de todo lo que me gustaba, incluídas las cosas que no conocía pero estaba seguro que me gustarían. Eso ha significado internet para nosotros. Y claro, el yonqui que habita en todo coleccionista hace aflorar su particular síndrome de tenencia, y nos dedicamos a recopilar todo aquello que siempre quisimos tener y nunca pudimos optar a ello. Algo que ya nos decía nuestra manera compulsiva de comprar ítems: no hay tiempo para todo. Y sé de que les hablo: tras de mí, en la estantería, DVDs comprados hace dos y tres años esperan su turno, aún sin desprecintar.
Pero no es un recopilar por recopilar. Aunque así titulo el post, no somos Diógenes digitales. Somos la generación puente entre la cultura de pago y la cultura de pega. Dentro de nosotros, el yonqui teme el síndrome de abstinencia. Nosotros tememos en el fondo que Internet, como la conocemos hoy día, desaparezca. O al menos los programas de descarga. Por eso recopilamos hasta la náusea.
Estamos en medio de Forbidden Planet, sin nadie que nos vigile, y tenemos diez minutos para llevarnos todo lo que podamos sin pagar.
Marica el último.

20080416

SUPERVENTAS???

A menos que alguien me corrija, encabezo el top de ventas de libros de la editorial Utopija. Vivir para ver. Vivir para matar.

20080414

Derecho a Rép(úb)lica

Don Juan Carlos I de Borbón y Borbón

Rey de todos los españoles

Según Franco

Doctorado en campechería

En la prestigiosa universidad de (inserte un nombre aquí)

Y Doctor Honoris Causa

En decenas de rectorados anquilosados

También es padre

Y como tal

Quiere lo mejor para

Sus hijos

Pero sólo les ha

Podido

Conseguir

Una periodista altiva

Un deportista de manos grandes

Y un pobre hombre

Que sólo puede mover

La mitad de su

Cuerpo.

También tiene nietos

Que agrega con el Photoshop

Y de los que no puedo hablar

Sin pixelar

Las palabras:

Son menores

De edad.

Cómo mola

Vivir bajo el amparo

De la raleaeza!

20080411

PREDGOVOR SRPSKOM IZDANJU (Prólogo a la edición serbia)

UNO: LA PREGUNTA DE UNA MONJA

Feria del libro de Madrid, año 2001. En la caseta 254, un atribulado y novato escritor, Diego Ávila, firma ejemplares de su primera obra, Vivir para matar. Entre asustado y azorado, ve desfilar la gente desde dentro del diminuto stand, que se le antoja una pecera, o peor, un escaparate.

En un momento dado, una figura encorvada, embutida en un hábito que la certifica como esposa del Altísimo, se detiene frente a la pila de libros a estrenar. Consternada tras leer el título, levanta la mirada y tiene lugar un diálogo que transcurrió, en esencia, como se transcribe a continuación:

MONJA: -¿Es usted el autor?

AUTOR: -Sí, soy yo.

MONJA: -¿Y por qué escribe libros con títulos como éste, con lo mal que está el mundo hoy día?

AUTOR: -A mí sólo puede culparme del título. Del mundo el único responsable es Dios.

No era ésa la respuesta que quise darle, pero me molestó sobremanera su manera de actuar, que podría bien calificarse como de Omnipotencia Consorte. Siendo sincero, entonces no hubiese sabido qué contestarle. Por eso me salí por la Divina Tangente.


DOS: ASESINOS TELEVISIVOS Y ASESINOS TELEVISADOS

¿Qué es un asesino en serie? Aunque usted lo leerá con más detenimiento en el epílogo de este mismo libro, quédese con este dato: es la persona que mata a más de tres víctimas entre las que media un periodo de latencia.

Y algo que no aparece en la definición: son personas anónimas. Ganado mediático. Carne de telefilmes que comienzan con el rótulo sobreimpresionado de Basado en hechos reales. Vidas a menudo miserables, en muchos casos rebozadas en enfermedad, obligados a matar –hecho deleznable, no lo olvidemos nunca- por una pulsión que es más fuerte que ellos. Hasta qué punto es enfermedad y hasta qué punto voluntad de matar es algo que deberá dilucidar la psiquiatría en tiempos venideros.

Pero este último dato también nos ofrece información extra: los grandes líderes mundiales, los que mueven los hilos entre los que intentamos vivir el resto de los mortales sin tropezar demasiado, los que son capaces de encontrar / inventar (táchese lo que no proceda) armas de destrucción masiva en el culo de algún país inconveniente, los que trascienden el anonimato, no son asesinos en serie, a pesar de cumplir con los requisitos que el FBI establece.

Por lo tanto, el estrato político o militar es un atenuante o, directamente, un eximente. Aquél que asesina apretando un botón o arengando tropas no es un asesino en serie. Salga del anonimato, jure salvar a su país o al mundo y mate allí donde más convenga a sus intereses. Pasará de ser un pobre asesino televisivo anónimo a todo un estadista famoso y televisado. Y con la connivencia de la mayor parte del llamado mundo libre.


TRES: PERIPLO DE UN LIBRO.

Este libro, en su edición original española, surgió de un encargo. En España, los libros sobre criminales en serie se dividían en dos grupos: por un lado, traducciones del inglés sobre casos específicos de asesinos concretos; por otro, ensayos más o menos afortunados que intentaban glosar el mayor número de asesinos posible, pero circunscribiéndose únicamente a sus crímenes. Faltaba un libro que integrase aquellas carreras criminales dentro de sus flacas biografías. Al holismo por el asesinato: que los mostrase como un todo, no como una suma de cadáveres. No como superhombres, pero tampoco como supervillanos.

La elección de los biografiados tampoco es casual: nueve de los casos que definieron al asesino en serie como el arquetipo de terror postmoderno y postindustrial (le remito de nuevo al epílogo). Por lo tanto, es un libro que nunca perderá actualidad, pues si bien la figura del asesino en serie puede dejar de existir, siempre se estudiará a los que ya han sido, aunque el futuro acabe definiéndolos como algo episódico y tristemente anecdótico.

Ya se daban dos factores para justificar el encargo. Pero aún faltaba otro, que se dio con el paso del tiempo: si bien los primeros compradores del libro fueron personajes pintorescos, si no decididamente extraños, a medida que pasaban los años los lectores fueron ganando en normalidad y el editor y yo descubrimos que la curiosidad científica ganó terreno a la curiosidad malsana, y que estudiantes de lo humano encontraban útil el libro, con lo que las contadas enseñanzas que en él se incluyen no cayeron en saco roto.


INSERTO: PREGUNTAS A LAS QUE PODRÁ RESPONDER TRAS LEER ESTE LIBRO.

¿Qué es un geiner? ¿Hay algún asesino en serie con su propio club de fans? ¿Quién se escondía bajo el alias Frank Howard? ¿Qué estudiaba Ted Bundy? ¿Por qué no aparecen en este libro Jack El Destripador o Geroges W. Bush? ¿Qué asesino inspiró el Buffalo Bill de la película El Silencio de los Corderos? ¿Qué tienen en común una jarra de cerveza y un bebé llamado Charles Manson? ¿Qué asesino en serie comenzó en prisión una reputada carrera como pintor? ¿Cuál es el famoso apodo de Richard Ramirez? ¿Fue problemática y triste la infancia de Jeff Dahmer? ¿Cuántos tipos de asesinos en serie hay catalogados? ¿El asesino en serie nace o se hace? ¿Es un fenómeno típicamente americano u otro efecto colateral de la globalización? ¿Mereció la pena el dinero gastado en este libro?


CUATRO: RESPUESTA A UNA MONJA.

Volvamos, finalmente, al encuentro entre el escritor novato y la sierva de Dios. El trasfondo de la pregunta de la mujer mostraba la actitud secular y típica de la Iglesia Católica a lo largo de la Historia: mirar a otro lado, esconder la cabeza o directamente unirse al más fuerte en detrimento del débil o del indefenso (no es este prólogo un ataque directo a la doctrina eclesial, pero baste señalar que el patrimonio del Vaticano no se obtiene con siglos de prédicas entre pobres, parias y olvidados). Si la sociedad se radicaliza, cortemos los medios que denuncian esa radicalización. Y ésa, en definitiva y ya para acabar, sería la respuesta que hoy por hoy se llevaría aquella buena mujer: éste es un libro que trata sobre monstruos que, a buen seguro, no merecen ser recordados. Pero somos nosotros, el resto de la humanidad, los que no debemos olvidar el daño que han hecho. Los que debemos intentar establecer el cómo y los porqués del asesinato sistemático para, llegado el momento, ser capaces de vaticinar señales o signos que nos lleven a colegir que detrás de una muerte violenta se esconde una personalidad psicopática serial, con el loable fin de intentar evitar el daño a más inocentes. Y ojo, que no hablo de castigar por el daño que puedan cometer, que el castigo preventivo es otra discusión que da para otro libro y para otro prólogo tan desordenado como éste.


Diego Ávila

Noviembre, 2007

20080403

VIVIR PARA EL ASESINATO

Cuando, hace ya 7 años, salió publicado Vivir para matar, coincidí en la feria del libro con Aleksandar Vuksanovic, quien alabó el título que yo, nervioso y apurado, defendía. Coincidí más veces en años posteriores con Aleksandar, que siempre tuvo palabras amables para el libro.
En una de esas ocasiones hizo más que sacarme los colores con la bondad del libro: me indicó que un editor serbio le había pedido que se interesase por algún libro de investigación para publicar allí. Él enseguida citó un título: Vivir para matar. Él mismo se encargaría de traducirlo. Aquella primera vez faltaron fondos, pero el germen ya había anclado.
El año pasado Aleksandar volvió a ponerse en contacto conmigo. Se había retomado la idea de la edición del libro, había dinero y nada parecía frenar el proyecto. Hablamos de derechos y de la confección de un prólogo a la edición serbia, cosa a la que accedí gustoso. No todos los días le traducen a uno.
Y como todo llega, el proyecto ya se ha materializado. Un libro precioso -chapeau para el diseñador y para esa perla del malrollismo minimalista que es la portada- titulado como este post, con una primera tirada de 500 ejemplares, por impresión digital, con prólogo inédito y fotografías en blanco y negro de los asesinos y del autor.
Pero lo que más me ha gustado es que ha sido una edición valiente. La traducción de un librito perdido en el limbo editorial español de un autor como mínimo desconocido, y que para el texto de la contraportada escoge una parte del prólogo en el que el autor se hace una serie de preguntas sobre asesinos en serie que tendrán respuesta en el texto, y una, la última, que puede leerse también en la contraportada: ¿Mereció la pena el dinero gastado en este libro? Pocos editores dejarían salir al mercado un libro con un mensaje tan antimercantilista en su contraportada. Valentía, lo que les dije.
En unos días les copio el prólogo por si quieren leerlo, que al final esto me ha salido un poco largo. Pero para eso es mi blog, supongo.


Haz y envés


20080402

ADIVINANZA

¿Qué tienen en común estos tres seres vivos?




(Respuesta: Que poseen sustancias anticoagulantes naturales en la saliva)